La Bomba del Zar fue la bomba que provocó la mayor detonación causada por el ser humano. Fue lanzada el 30 de octubre de 1961 desde un bombardero Tupolev Tu-95 adaptado especialmente para esta misión.

 

Imagen de un Tupolev Tu-95

El Tupolev Tu-95 voló acompañado de un Tupolev Tu-16 encargado de tomar muestras del aire y grabar la explosión.

 

Diseño 

La Bomba del Zar era una bomba de fusión de hidrógeno de tres etapas: fisión, fusión y fisión. Las bombas termonucleares o de hidrógeno supusieron un gran paso en la potencia de las explosiones nucleares (bombas de fisión), anteriormente expresadas en kilotones. La primera explosión de una bomba de este tipo en 1952, Ivy Mike (EEUU), produjo 10,4 megatones. 

El gran incremento en la potencia de la explosión es debida a la mayor energía de la fusión respecto a la fisión. El hecho de que las bombas de hidrógeno o termonucleares no sean bombas de fusión puras es debido a que desencadenar un proceso de fusión necesita de mucha energía. Es por ello que antes de la fusión, se desata un proceso de fisión que permite generar la energía necesaria para que empiece la fusión. 

La explosión de la Bomba del Zar produjo entre 50 y 57 megatones, a pesar de que el diseño inicial hubiera permitido fabricar una bomba de hasta 100 megatones. Sin embargo, una potencia tan elevada no hubiera permitido escapar del alcance de la explosión al avión encargado del lanzamiento y la lluvia radiactiva generada podría haber alcanzado a zonas pobladas de territorio ruso. 

Para permitir al piloto encargado del lanzamiento escapar, además, se lanzó la bomba con un paracaídas que retrasó su descenso como vemos al final del siguiente vídeo.

 

El diseño de la bomba incluía un sistema de sensores barométricos que permitieron detonar la bomba a una altura de 4 kilómetros sobre el suelo. 

La bomba produjo una bola de fuego de casi $5$ km de radio. Sin embargo, hubiera producido quemaduras de tercer grado a cualquier persona situada a una distancia inferior a $100$ km al lugar de la detonación. No solo eso, sino que la luz de la explosión pudo observarse incluso a $1000$ km (¡aproximadamente la distancia entre Sevilla y Barcelona!).

 

Ensayos nucleares posteriores

La Bomba del Zar supuso un hito en términos de potencia nunca igualado, ya que no se trataba de una bomba que poder utilizar en la mayoría de situaciones prácticas. Se trató simplemente de una demostración de capacidad científico-militar de la URSS. 

Poco después de la detonación de esta bomba, se firmó el Tratado de prohibición parcial de ensayos nucleares en la atmósfera, en el espacio exterior y bajo el agua. A partir de entonces, la mayoría de ensayos nucleares se llevaron a cabo bajo tierra. 


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